Habitación en Roma. Película completa.

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Description
¿Hasta cuándo te quedas en Roma?
Mañana vuelvo a Moscú.
Qué casualidad.
Yo también.
¿ Vuelves a Moscú?
Vuelvo a España.
Éste es mi hotel.
El mío está por ahí, a la izquierda.
Entonces éste está más cerca.
Para ti, sí.
-Para ti también. -No.
Venga, subamos un momento. Para tomar la última.
Ya hemos bebido un montón en el bar.
Pero sólo hemos hablado de Rusia y España,
no de nosotras.
Prefiero que no hablemos de nosotras.
Trato hecho.
-¿Cómo? -No hablaremos.
Podemos no hablar, y será aún mejor.
Mira, ésa es mi habitación.
Tiene dos banderas.
Por algo será, ¿no?
Una por Europa y la otra por Roma.
Me refiero a la de en medio.
Falta la de en medio.
Exacto, es por ti. Sube y cuélgala.
¿Qué quieres que cuelgue?
No sé, tu ropa.
Eres muy larga.
Nunca he subido a la habitación de una mujer.
Sólo es una habitación de hotel en Roma.
Si sigues tirando, ganarás tú
y acabaremos en tu hotel.
Tú misma.
HABITACION EN ROMA
¿Qué bebes?
Vino.
Vino.
Perdona, ¿cómo te llamabas?
Ya te lo he dicho dos veces.
A ver si a la tercera me entero.
Natasha.
Natasha.
¿Es el mismo nombre que dijiste antes?
No lo dices bien.
Es Natasha.
''Sha''.
Y tú eres Alba. Amanecer en español.
Es mi mejor momento. Ya lo verás.
Ésta es la primera noche del verano.
Sí, es verdad.
En Europa.
En Rusia, el verano ya empezó. El 1 de junio.
¿En serio?
¿En Rusia tenéis verano?
Claro.
El verano ruso.
Y ésta es mi última noche en Roma.
Para mí también.
No estás sola,
<i>rusita.</i>
Además, ésta es la noche más corta del año.
Aquí y en Rusia.
Así que vamos a aprovecharla.
No soy...
-No soy... -¿Qué?
Tú eres una mujer, yo soy una mujer.
Estábamos solas bebiendo en un bar,
nos miramos y nos sentimos atraídas.
¿No ha sido así?
Es la primera vez que miro así a una mujer.
Y nunca una mujer me había mirado así.
No es la primera vez que tú miras así a una mujer.
Pero cada mujer es distinta.
¿Te gustaría verme desnuda?
Sí, me encantaría.
¿Aquí?
Donde quieras.
¿Prefieres dentro?
Sí.
Entonces vamos dentro.
Creo que saldrá mejor
si me desnudas tú.
No pasa nada.
Tranquila.
No pasa nada.
Nos quedaremos así.
Cerca pero sin tocarnos,
mientras te relajas.
<i>Prefiero que estés dormida.</i>
<i>Así no hay palabras de despedida.</i>
<i>Tienes razón.</i>
<i>Diré unas palabras.</i>
<i>Adiós, Alba.</i>
<i>No quiero ni imaginarme lo que podría haber pasado.</i>
<i>Ese secreto lo dejo ahí, durmiendo contigo.</i>
<i>Gracias, Alba.</i>
<i>Adiós.</i>
¿Quién es?
¡Natasha!
Creo que me he dejado el móvil. ¿Ha sonado?
Sí, me ha despertado.
Perdona, se me habrá caído del bolso.
Estoy cansada y quiero volver al hotel.
Pasa a por él.
Te espera debajo de la cama.
Prefiero no entrar.
¿Por qué? ¿Qué ha pasado?
La verdad es que nada. Nada de lo que nos podamos arrepentir.
¿Por qué has mordido mis bragas?
Yo no he mordido nada.
Pasa y mira cómo las has dejado.
<i>¿Hola, se ha perdido?</i>
<i>Buenas noches.</i>
<i>Buenas noches.</i>
Qué detalle, Natasha.
No me lo esperaba.
Pasa y déjalo en la terraza.
Lo siento, es para esta habitación.
Si quiere, puedo pasar por su cuarto y tomarle nota.
¿Tienes hambre?
No.
Ya has oído. ¿Cómo te llamas?
Max.
Max,
ahora no tenemos hambre, pero dentro de un par de horas sí que tendremos.
Llámenme.
Tengo toda la noche libre.
Es decir, que trabajo toda la noche.
Está ahí.
¿Dónde está tu hotel?
Éste es el Tíber.
A mi hotel se llega
por aquí.
Es la Roma de los Césares.
Sí.
Es un mapa para perderse.
¿Dónde nos perdemos? Elige.
Tenemos los jardines,
el templo de la fortuna,
el templo de las ninfas...
Mi hotel se llama Ninfeo.
¿ Y el tuyo?
Pompeyo. Mira, es por aquí.
Cruzamos los jardines
y aquí estamos.
Estamos sobre el teatro. No, estamos
dentro
del teatro de Pompeyo.
Vaya.
La Historia nos contempla.
Estamos rodeadas por ella.
¿Lo sientes?
Es ¡imposible no sentirlo.
Creo que te gusta la Historia.
-Sí. -Eso es bueno.
Alba.
Esto se queda aquí, en esta habitación.
En Roma.
Entre estas cuatro paredes.
Ya que estamos aquí,
vamos a divertirnos un poco más, ¿no?
Sólo pido que esto no afecte a mi vida.
¿ Y cómo se hace eso?
Estando las dos de acuerdo.
Tú también tienes una vida
al margen de esto que quieres proteger, ¿no?
Sí, muy lejos de la tuya.
Mañana, Roma nos lanzará a cada una a una punta de Europa.
¿ Y si no soy rusa?
¡Tienes que ser rusa, me encanta la idea!
Bueno,
pues lo soy.
Lo mejor es que no sabemos nuestros nombres.
¿No los sabemos?
¿Me has dado tu nombre real?
¿Entonces no te llamas Natasha?
Lo sabía.
Alba es el nombre que le iba a poner a mi hija.
¿Qué le pasó?
Alba nunca vio el amanecer.
Lo siento.
Así acabó la peor época de mi vida.
Cuando mi Alba murió dentro de mí.
Mi madre me llevó a Marbella cuando tenía 16 años.
Estaba arruinada
y el poco dinero que tenía
lo gastó intentando cazar una fortuna.
Tuvo suerte. Un jeque árabe,
Hamir Osemin,
se cruzó con nosotras un día que estábamos de tiendas.
Nos pasamos el resto del verano en su yate.
Ese invierno nos invitó a Arabia Saudí.
Tiene un palacio.
Aunque te lo describiera, es imposible imaginar lo lujoso que es.
A mi madre le compraba de todo.
Se fue de allí con una pequeña fortuna en joyas.
¿Se fue?
¿ Y tú?
Me quedé.
Hamir la convenció para que me quedara
a cambio de una cantidad
cada mes durante cuatro años.
Ése era el trato.
Era lo único que le interesaba.
¿ Y aceptaste?
No te imaginas lo fácil que fue
acomodarme a aquella vida.
Tenía todo lo que quisiera.
Me compró un purasangre árabe que sólo podía montar yo.
Llegué a quererlo como a un hijo.
Todo el mundo era tan amable...
Las otras mujeres de Hamir me trataban como a una princesa.
Y te dejó embarazada.
Eso fue al final.
Hamir empezó a enfadarse porque no me quedaba embarazada.
Entonces quise marcharme,
pero no pude.
Me había casado con él, así que era de su propiedad, como el caballo.
Lo vendió para castigarme.
Hamir se salió con la suya,
poco después quedé embarazada.
Estaba encantado,
volvió a tratarme bien.
Ésta vez como a una reina.
Pero me di cuenta de que en cuanto naciera el bebé,
me encerrarían con el resto de su harén.
El día que me dijeron
que era una niña,
una enfermera egipcia a quien le conté la historia
me ayudó a escapar en un barco griego.
Llegué a Atenas al amanecer, así que decidí llamarla Alba.
¿ Y cómo la perdiste?
Descubrí que Hamir
me había denunciado.
Había una orden de busca y captura en mi contra.
Si hubiera tenido a Alba, él no habría parado
hasta detenerme.
Sólo tenía 18 años,
así que aborté.
Vendí mi collar y conseguí empezar de cero en España.
¿ Y tu madre?
Nunca he vuelto a verla.
¿Así es como te hiciste
lesbiana?
Así me hice mujer.
¿ Y tú?
¿Cómo te hiciste mujer?
No me apetece hablar de mi vida.
Me lo debes.
¿Qué te debo?
¿La verdad
- o una mentira? -Lo que prefieras.
¿Crees
que te he mentido?
Es el ágora de Atenas.
¿Lo sabías?
¿Qué fue antes, el cuadro o tu historia?
-¿Quién inspiró a quién? -Buena pregunta.
Ese cuadro lleva colgado ahí desde antes de que nacieras.
Desde mucho antes.
Y lleva todo este tiempo esperándome.
Hagamos un trato.
Nada de historias. Dime dónde vives.
Exactamente en qué barrio y así me hago una idea de tu entorno.
Primero ve a Moscú.
Tenéis el mapa más grande del mundo.
Ahora, ve hacia el Volga,
más al Este.
¿Más al Este aún?
Desde ahí, a Ostrov Nekrasov.
¿Dónde?
Ostrov Nekrasov.
Escríbelo, tú, por favor.
¿Qué es eso?
Ostrov significa isla.
Si me dices que ésta es tu casa, te doy un azote.
Lo tienes como una piedra.
¿Qué haces aquí, en Roma?
Un casting, soy actriz.
Una actriz rusa.
¿Eres buena, famosa? ¿O sólo estás casada con un mafioso?
Estoy soltera.
Entonces debes de ser de las muy buenas. Enhorabuena.
Enséñame tu palacio árabe.
No es mío.
¿No me lo enseñas?
Si Hamir se entera de que andamos husmeando
-por encima de su casa... -¿Qué?
Es capaz de... Nos puede pasar de todo.
Si no me lo enseñas,
creeré que eres tú
quien me debe una historia. Una historia de verdad.
Quiero saber dónde vives.
Mira.
- ¿Te gusta? - ¿Ése es tu pueblo
Es una ciudad, se llama San Sebastián.
Parece un poco pequeña.
Depende con qué la compares.
-¿Roma? -Yo diría que unas...
veinte veces más pequeña.
Moscú es tres veces Roma.
Me gusta.
Te pareces a tu ciudad,
pequeña, de cara bonita.
No es mi ciudad.
Yo soy de Valladolid, que es tres veces más grande.
Enséñame tu casa.
Está aquí.
Vaya, se han dejado las sillas en la terraza.
¿ Y?
No me lo esperaba.
¿Un niño?
Un niño y una niña.
¿Tienes hijos?
¿Qué pasa? ¿No puedo ser madre?
Claro que sí.
¿Qué te pasa, Alba?
¿El padre de tus hijos sabe que te gustan las mujeres?
No, no es eso. Es por la foto.
No es muy reciente.
Mira la playa, está llena de gente.
Seguro que estábamos allí.
O en la isla.
Nos encantaba pasar los domingos en la isla.
La foto
es del verano que empecé a vivir en San Sebastián, hace dos años.
¿Qué te pasa?
¿Alba?
¿Quieres contarme algo?
<i>Pobrecita mía.</i>
<i>No me creo lo que estoy haciendo.</i>
<i>¿Ésta soy yo?</i>
<i>No me reconozco.</i>
<i>Suena sólo para ti.</i>
<i>Yo también estoy temblando de miedo.</i>
Te voy a dar el mejor orgasmo de tu vida.
¿Estás preparada?
Sí.
¿Sabes lo que me encantaría?
Dime, lo que tú quieras.
¿Tienes un...
consolador?
Me voy a correr mejor si me metes algo dentro.
No uso consoladores y no vas a necesitarlo.
Yo me conozco.
¿Qué tal la botella de vino?
No me gusta la idea de que haya
algo masculino entre nosotras.
Es de la Toscana.
Suena muy femenino.
No pienso meterte nada, Natasha.
No olvides que me gustan los hombres.
Pero también te gusto yo.
Sí,
pero me gustan más los hombres.
Conozco a muchas que, después de probar con una mujer,
no quieren volver a hombres.
No dejaré que eso me pase a mí.
De hecho, prefiero que me pase lo contrario.
Después de mí, esperas que te gusten más los hombres.
Eso sería fantástico.
Es un poco feo que me lo digas ahora.
No quiero
que discutamos, y menos por una botella de vino.
Y vacía.
Voy a pedirte algo.
¿Qué haces?
Los españoles y los italianos nos entendemos.
<i>Buenas noches, dígame.</i>
<i>¿ Ya tienen hambre?</i>
<i>Pues, no tengo, lo siento.</i>
<i>Pero si quieren otra cosa, tengo fruta.</i>
<i>Otra cosa que sirva...</i>
Estás loca, ¿lo sabías?
Lo he hecho por ti.
¿ Y si Max se lo toma como una invitación
y sube?
Entonces podrás escoger entre Max y una botella de vino.
Bueno...
Max viene de Máximo.
Pero es el diminutivo de Máximo.
¡Máximo!
Max.
<i>Traigo un pepino caliente.</i>
<i>Lo he hervido dos minutos. Está aséptico.</i>
<i>¿ Y tú?</i>
<i>Enhorabuena, España ha ganado a Italia.</i>
<i>Merecidamente.</i>
<i>De la Eurocopa.</i>
<i>¿ Ya tu amiga?</i>
<i>Mírale el brazo.</i>
<i>Un brazo tiene que ser más musculoso que el otro.</i>
¡Sí que eres tenista! Mira tu brazo derecho.
-Soy zurda. -Perdona, el izquierdo.
¡Y tienes callos! Ésta es la prueba definitiva.
<i>¿Queréis hacer un trío?</i>
<i>¿Queréis verla antes?</i>
<i>No, Max.</i>
<i>Te lo agradecemos mucho, pero no.</i>
¿Hablas italiano?
<i>Es un idioma precioso.</i>
<i>Por favor, vete, déjanos solas.</i>
<i>Me había hecho ilusiones.</i>
<i>Creía que era lo que queríais.</i>
<i>Lo siento, ha habido un malentendido.</i>
<i>No tendríamos que haberte llamado.</i>
<i>Buenas noches.</i>
<i>Lo del pepino era broma.</i>
Bueno,
gracias a Max he descubierto a una tenista rusa que habla italiano.
-También me gusta el fútbol. -Me has mentido.
Esa mansión de la isla no puede ser tuya, no había pista de tenis.
Así que me has entendido.
¿Cuándo?
Cuando te he hablado en español.
Sí.
Me ha encantado.
¿Encantado?
-¿Oír que me das miedo? -Sí.
Ven aquí.
Empiezo a darme cuenta de que todo en ti me da miedo.
Tus ojos,
tu boca,
tu sonrisa,
tu forma de hablar,
el tono de tu voz,
tu olor,
tu perfume, tu respiración,
tu cuerpazo,
esa piel...
Tienes una piel increíble.
A mí me da más miedo el color de la tuya.
Eres como la estepa rusa.
¡Eso sí que da miedo!
Una pregunta.
Si tuviera una hermana gemela,
completamente idéntica a mí,
con los mismos ojos,
la misma boca, la misma voz...
¿ Y la misma piel?
Sí.
Sobre todo la piel.
¿Estarías tan asustada?
¿Tienes una hermana gemela?
Es sólo una suposición.
No lo sé.
Quizá sí. O quizá no.
¿Qué prefieres?
Me siento muy afortunada
de estar yo aquí y no mi hermana gemela.
A ver, explícame eso.
Tengo una hermana gemela
que es licenciada en Historia del Arte.
Acaba de terminar la tesis sobre el renacimiento italiano.
He venido aquí con ella.
-¿Cómo se llama? -Dasha.
¿Como tú? Me has dicho que no te llamas Natasha.
Yo tampoco sé tu nombre.
Ahora entiendo por qué hablas italiano tan bien.
Yo también estudié Historia del Arte,
pero en tercero ambas hicimos un casting para una película
y me escogieron a mí.
Desde entonces, nos hemos ¡do separando.
¿Puedes demostrármelo?
¿Demostrártelo?
-¿Qué pone ahí? -Sasha Vorónina.
Sasha. Natasha, Dasha y ahora Sasha.
¿Sois trillizas?
¿ Y qué pasa con el tenis?
Mi hermana Dasha
y yo jugamos desde niñas,
pero ella siempre ha sido mejor que yo.
¿Cuándo juegas al tenis?
No te quedará mucho tiempo entre rodajes, estrenos y fiestas.
¿Puedes enseñarme a tu hermana?
Dasha es la décima mejor jugadora de tenis de Rusia.
Es zurda, como tú.
Sí, yo también soy zurda.
No hay motivos para que unas gemelas
sean ambas zurdas, aunque sean idénticas en todo lo demás.
Nosotras lo somos.
¿No hay nada que os diferencie?
Yo fui la primera en convertirse en mujer.
Aunque no como tú.
¿Qué quieres decir?
Mi madre murió cuando teníamos 13 años.
Por entonces
mi padre empezó a tratarme como a una mujer.
Sólo me tocaba.
¿ Y a tu hermana?
No. Sólo a mí.
¿Por qué?
No lo sé.
Sentí que debía ocultárselo a mi hermana.
Hasta que, una noche,
Dasha nos vio.
¿Cómo reaccionó?
Mal. Se sintió rechazada.
Y...
ahí empezó su complejo de inferioridad.
¿Le entró complejo porque vuestro padre no la sobaba?
Debería sentirse afortunada.
Eso no duró mucho, menos de un año.
¿Estás llorando?
Puedes llorar, si quieres.
-La verdad es que yo no lloro. -¿No?
Bueno, hace mucho que no lo hago.
Llorar es bueno.
Lo sé.
Pues llora como una actriz.
Vamos, por favor, actúa para mí.
Es lo que hago.
Me encantaría verte llorar.
Así podría consolarte.
Vamos.
Llora.
Lo siento, Alba.
No soy una buena actriz.
¿Cantas bien?
Me imagino
que en el harén tuviste toda clase de relaciones
con las mujeres.
¿O estaba prohibido?
Nunca he vivido en Arabia Saudí.
Qué pena.
-Me gustaba la historia. - Y a mí.
Fue mi madre quien huyó
de Arabia Saudí en un barco griego.
Estaba embarazada de mí y huía de mi padre.
Yo soy la hija de Hamir.
Y nací en Atenas.
Me alegro de que Alba exista.
Gracias.
Entonces eres griega, no española.
No, unos meses después de nacer, mi madre me llevó a España.
¿Tu madre se hizo lesbiana después de aquello?
Mi madre ha tenido distintos hombres y distintos problemas,
pero siempre cuidó de mí. Y yo de ella.
¿Alguna vez has estado con un hombre?
Yo soy lesbiana de nacimiento, como tú eres
gemela de nacimiento.
Verás, Alba.
Yo tampoco he sido completamente sincera contigo.
-Me caso el domingo que viene. -¿Quién?
¿La actriz o la tenista?
La tenista.
¿Dasha?
¿Entonces no eres la actriz,
- eres la gemela? -Mi hermana también es gemela.
Ya, pero ¿tú eres la del renacimiento?
Eres la del renacimiento.
Por un lado, lo prefiero.
Pero no me gusta la idea de que te cases tan pronto.
Llevamos preparándolo
- casi un año. -¿Con quién te casas?
Con mi director de tesis.
¿Es italiano?
No, es de Moscú.
Hemos comprado un piso, nos mudamos después de la luna de miel.
En una de esas colmenas rusas.
Sí, muy distinta a mi hermana.
Me alegro de que seas de clase media.
Sobre todo me alegro de que tu padre no te sobara.
Entonces tú eres la del complejo de inferioridad.
No lo entiendo.
Una noche me desperté y mi hermana no estaba en su cama.
Decidí ¡r al cuarto de mi padre.
Recuerdo sus enormes manos,
con sus dedos largos y fuertes,
acariciando el cuerpo desnudo de Sasha,
idéntico al mío.
Me quedé allí escondida un rato,
mirando.
Fue la primera vez en mi vida que experimenté
el placer sexual.
Cada vez que me despertaba
y mi hermana no estaba,
yo...
me desnudaba y me tocaba.
<i>Te entiendo, mi rusita.</i>
Eso nos separó muchísimo a Sasha y a mí.
Pero ahora me gusta mucho más mi vida que la de mi hermana.
Me alegro.
Ahora podrás tener tu propia familia.
<i>¡Por favor, estaos quietos!</i>
<i>Alba, no sabes decirlo.</i>
<i>¡Pues enséñaselo tú!</i>
<i>Nos estaremos quietos cuando lo diga bien.</i>
-¿En qué hablan? -En euskera.
Un idioma muy antiguo. Y bastante difícil.
Estoy aprendiéndolo.
Cada vez que me equivoco, los niños se ríen de mí.
Yo también quiero tener hijos.
Son los hijos de Edurne.
-¿Cuánto tiempo llevas con ella? -Dos años.
Ella se acababa de separar y yo salía de una relación tormentosa.
Un fin de semana pasó por Madrid,
nos liamos y el mes siguiente me mudé con ella a San Sebastián.
<i>Mamá.</i>
<i>Dame un beso.</i>
¿Qué pasa?
Vamos, Alba, cuéntamelo.
El niño. Murió el invierno pasado.
Fue un accidente tonto,
en casa.
Es la primera vez que veo este vídeo desde que pasó.
Edurne aún no lo ha superado.
El niño murió conmigo en casa.
Estábamos los dos solos.
Edurne no me echa la culpa, pero...
ojalá hubiera estado ella esa tarde, con él.
Y no yo.
¿Quién sabe?
Puede que el accidente no hubiera ocurrido.
¿Cómo se corre con estas piernas?
Qué sensación de velocidad más maravillosa.
Seguro que corres como una gacela.
¿Cuánto tiempo llevas con él?
¿Con Vadim?
Cuatro intensos años.
¿ Y le quieres?
La verdad es que sí.
Mucho.
Aprendo mucho con él. Es muy culto.
Y siempre sabe lo que hay que hacer.
¿Le habías sido infiel antes?
No.
¿ Y tú? ¿A Edurne?
Tampoco.
Esto nos duele a las dos, ¿verdad?
¿Quieres hacerme un regalo de boda?
Claro.
Esto es lo que queda.
No sé. ¿Qué prefieres?
Lo que tú escojas.
¿ Y qué pongo?
¿''De Alba, la española de Roma''?
Si fueras un hombre, podría parecer sospechoso.
Diré que conocí en Roma
a una española encantadora.
¿ Y guapa?
Guapísima.
¿A qué has venido a Roma?
Es un regalo de boda de mi hermana.
Una semana en Italia.
Un intento por unirnos.
Pero esta noche nos peleamos
y salí por mi cuenta.
Así que te conocí gracias a una pelea.
¿Tu hermana es buena actriz?
Sí, muy buena. Y sabe llorar
de maravilla. Pero también es cierto
que su novio es un...
¿Mafioso?
¿ Y tú? ¿Qué haces aquí?
-¿Aquí? -Sí, en Roma.
He venido a una feria de locomoción
y sostenibilidad. Transportes del futuro.
Vehículos limpios y ecológicos
de bajo consumo.
Qué bien.
¿Qué es?
Se llama Aspasia.
Es perfecta para moverse por la ciudad.
Velocidad máxima, 70 kilómetros.
40 millas.
Es como una bici.
Va a pedales, pero si necesitas ayuda
para subir una cuesta, puedes conectar
un motor de aire comprimido. Y si llueve, no te mojas.
¿Quién la ha inventado?
Yo.
¿Qué? ¿No tengo pinta de inventora?
La verdad es que no.
Soy ingeniera mecánica.
La primera de mi promoción.
Tiene sentido.
¿Por qué?
Eres la mejor mujer que he conocido.
Gracias, amor mío.
No me llames amor.
¿Por qué?
El amor es otra cosa.
Para mí también.
Pero lo que siento ahora es muy parecido al amor.
Casi idéntico.
El amor que pueda haber aquí, ahora mismo, es pura fantasía.
Como en cualquier parte.
Ya sé lo que quiero me regales.
No está en tu lista de bodas.
Ahora mismo la añado.
Y si tú no me la compras, otro lo hará.
Vale, la dejaré aquí.
Está en la feria.
Para quien quiera recogerla.
¿Ha sido un éxito?
Completo.
Me encanta.
Seguro que pronto
prohíben los coches en las ciudades
e introducen tus Aspasias.
Por ahora
sólo existe este prototipo.
Con una basta para mí en Moscú.
Tienes que saber que, si quieres mi Aspasia como regalo,
viene conmigo dentro.
Somos inseparables.
Mejor.
Yo también sé quién fue Aspasia.
Vivía allí, en ese cuadro.
En cuanto entré en esta habitación hace una semana,
v¡ el cuadro y estuve segura de que era una buena señal para mi Aspasia.
Pero hoy me han dicho
que no se va a fabricar.
Por eso saliste
y te emborrachaste.
La verdad es que
desde el invierno pasado, desde lo que le pasó
al niño, no hay noche
que no me acueste con alguna copa encima.
Me ayuda a dormir.
Menos esta noche,
que me has despertado.
Debería irme.
¿Puedo ducharme antes?
Sí.
<i>Perdona, Vadim, pero esto no te lo contaré jamás.</i>
<i>Ahora yo también tengo un secreto.</i>
<i>Pero es mucho más lejano que el tuyo.</i>
<i>Te vas a quedar siempre con ésa, con mi reflejo.</i>
<i>Ésta,</i>
<i>es sólo para mí.</i>
Quiero contarte algo.
Lo que tú quieras.
Esta noche, antes de conocerte,
mi hermana me ha contado algo en la cena
que en el fondo imaginaba, pero no me atrevía a preguntarle.
Bebimos mucho vino y lo estábamos pasando muy bien
hasta que me contó
que Vadim había estado con ella antes que conmigo.
También fue profesor de mi hermana, pero estábamos en clases distintas.
Cuando le dieron el papel y dejó de venir a la facultad,
él la llamó.
Y salieron una temporada.
Fue ella quien le dejó.
Supongo que decidieron no contarme nada.
Hasta que hoy se le escapó a mi hermana.
No se lo digas a nadie,
pero me gustas mucho más que tu hermana.
Y el blanco te queda mejor a ti.
Los invitados esperan.
Mi hermana quería invitar a unos amigos de su novio.
Gente peligrosa.
Ésa fue la razón por la que discutimos.
Bien por ti.
Aquí no queremos mafiosos.
Si alguien tiene algo que decir,
que hable ahora o calle para siempre.
Yo.
Te escuchamos, novia.
Lo más curioso
es que tengo miedo por Vadim.
Por si se entera el novio de mi hermana. Es un bestia.
¿ Y tú? ¿Qué pasa contigo?
¿ Yo?
Sé que Vadim está enamorado de mí.
Me encanta cómo eres, eres tan buena persona.
La mejor de todos.
Seguro que tienes razón.
Vadim te quiere.
Más que a nadie.
Otra cosa curiosa.
Vadim siempre me ha recordado a un personaje del Renacimiento.
A uno en concreto.
¿A quién?
A ése.
El que habla encima de tu cama.
Es Leon Battista Alberti.
Uno de mis humanistas preferidos.
Decía que no puedes tensar el arco
sin tener una diana a la que apuntar.
¿Qué significa?
La idea es que el artista debe saber en todo momento
qué es lo que está representando.
El cuadro representa un simposio en el palacio de los Medici.
Seguro que hablaba sobre los griegos.
Le fascinaban.
Ése cuadro
habla del otro.
Hay 20 siglos entre estos dos cuadros.
En nuestro caso, sólo hay una habitación.
Parece que estamos en un partido de tenis.
Conclusión,
aquí, bajo mi ciudad natal...
¿Me quieres?
Bueno...
No sé por qué,
pero ahora mismo,
sí.
Te estoy queriendo.
¿Con o sin fantasías?
Con las dos cosas.
A mí también me queda bien el blanco, ¿no?
Llega un nuevo día.
El alba es mi momento.
Me quedaré a ver el alba contigo
y luego nos despediremos.
Voy a pedir
el desayuno, para dos.
Voy a llamar a mi hermana.
<i>Muy bien, rusita.</i>
<i>¿Desea algo?</i>
<i>Así me gusta.</i>
<i>¿Cómo queréis el desayuno, sencillo, o más...?</i>
<i>¿Queréis que os dure?</i>
<i>Entonces, que sea abundante.</i>
<i>No te preocupes.</i>
¿Puedo oír la voz de tu hermana?
<i>Casi no he dormido por tu culpa y no me gusta volar con sueño.</i>
Te han desdoblado la voz.
<i>¿Quién está ahí?</i>
<i>La camarera.</i>
<i>Está trayendo el desayuno.</i>
<i>-¿ Vas a desayunar? -Sí.</i>
<i>-Tengo hambre. -Date prisa.</i>
<i>Luego te veo en el hotel.</i>
¿No se lo vas a contar nunca?
Entonces, ¿cuál es el plan?
¿Pasar por aquí sin dejar huella?
¿Sin contárselo nunca a nadie?
Eso es cosa de cada una.
Tiene que haber algo nuestro,
de las dos,
que nos recuerde esta noche.
¿Cómo qué?
Aún no hay viento.
Es muy temprano.
Cuando sople,
sacarán la foto, ya verás.
Nos lo deben.
<i>Qué bonito lo que acabas de decir, rusita.</i>
Tu idea ha sido lo mejor.
Formamos un buen equipo.
Pero sólo se nos puede ver desde un satélite.
Estás inspirada, ¿eh?
Por ti.
Eso se merece un beso.
-¡Max! -¡Máximo!
Nuestro desayuno.
<i>Buenos días.</i>
<i>Hoy empieza el verano.</i>
<i>Aquí está.</i>
<i>Esta vez ha sido muy fácil.</i>
<i>Queríais dos desayunos abundantes</i>
<i>y aquí los tenéis.</i>
<i>¿Qué es eso?</i>
Bueno, ya tenemos padrino.
Mejor imposible.
La luz del día nos sentará bien.
Seguro, suele ser así.
Oye,
el sol le sienta muy bien
a tu cara,
a tus ojos,
a tus labios.
Fíjate en tu piel.
La estepa se vuelve dorada.
Qué miedo.
Yo tengo más miedo.
¿Por qué?
Por qué sé
lo que veo.
Y lo que siento.
¿Jugamos a ser valientes?
Si no tuviéramos pareja, ¿qué haríamos?
Tú y yo.
No lo sé, todo esto es muy nuevo
para mí.
¿Nos quedamos a vivir en Roma?
Estoy enamorada de Roma.
Pues nos quedamos a vivir en Roma.
¿Lo harías?
¿Dejarías a Edurne
y sus niños... perdón,
su hija...
para vivir conmigo en Roma?
Esto es real,
Natasha, no una fantasía.
Lo siento con toda claridad.
Se nos abren las puertas, ¿no las oyes?
Cierra los ojos.
Si nuestras manos se encuentran en medio de la mesa, acabamos juntas.
¿Trato hecho?
Trato hecho.
<i>Ya mí, ¿qué te crees?</i>
<i>Electricidad.</i>
Eso es porque lo tenemos clarísimo, ¿no?
No lo sé.
Pero ahora mismo, es lo que más deseo del mundo.
<i>Sí.</i>
<i>¿ Si?</i>
¿ Y cómo quieres que te llame?
¿Dasha, o Natasha?
Natasha.
Natasha.
Es el nombre que inventé para ti.
Y te veré correr.
Estoy deseando salir y ver
-tus largas piernas corriendo. -Las verás, lo prometo.
<i>Dime.</i>
<i>Dasha, ¿qué está pasando?</i>
<i>Nada, ahora me visto y voy para allá.</i>
<i>-¿Estás desnuda? -No, voy de blanco.</i>
<i>Pues te has adelantado a la boda.</i>
<i>Sí, me he adelantado muchísimo.</i>
<i>No te entiendo, Dasha.</i>
<i>Mejor.</i>
Báñate conmigo, por favor.
No.
Sólo un baño juntas, abrazadas.
Sin hacer nada.
Sufriremos más
y será más difícil despedirse.
¿Más?
Natasha.
Jamás en mi vida
había sentido un amor así. Así no.
Y no puede ser en vano.
¿Estás segura de que tenemos que separarnos para siempre?
Sí.
No te rebajes.
¡Lucha!
Es lo que hago.
Lucho por ti.
¿Crees que no siento lo mismo que tú?
Entonces, abracémonos.
¡No!
Lo siento.
No sé qué me ha pasado.
Tienes razón, perdóname.
Yo me quedo aquí.
Me quedo aquí, lo prefiero.
¿Qué pasa, Alba?
¡Por favor, no sufras así!
Alba.
Tienes razón.
Te entiendo perfectamente.
Nunca había amado
tan intensamente como esta noche.
¿De verdad?
A partir de ahora,
podemos pensar que, por una vez en nuestras vidas,
lo vivimos.
Lo mejor es dejarlo aquí,
mantenerlo para siempre entre las dos para que nunca se desvanezca.
¿En la bañera?
Claro.
¿Dónde si no?
¿Una última vuelta?
¿Dónde?
En nuestra bañera.
Para dejarlo todo aquí.
Alba.
Voy a coger un taxi al aeropuerto.
Es por ahí.
El hotel Ninfeo está en la otra dirección.
Bueno, adiós.
Sin besos.
¿Estás segura?
Segurísima.
Vale.
Pero no olvides
que besé las plantas de tus pies.
-Yo a ti no. -No.
-¿Te las beso ahora? -No.
La despedida sería mucho más difícil.
-¡Alba! -¿Qué?
¡Mira!